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Trump INFORMACIÓN alicante
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Planta-t
Kim Jong-un

Caricatura realizada para el diario INFORMACIÓN de Alicante, ilustrando texto del Juan Carlos Padilla.

HOLA, SOY DIOS. EL ENFERMO.

—Te veo preocupado, Pa.

—Lo estoy. Creo que nos hemos vuelto a equivocar.

—¿Has enviado una nueva plaga? ¿Está previsto un nuevo diluvio?

—Trump. Un error.

—Vaya. Bienvenido al club.

—No hago más que recibir noticias de allá abajo. Los diarios echan humo. Y las plegarias son monotemáticas. Mira, te voy a leer un sky-mail:

—“Pa, por favor. Esta noche no te voy pedir por mi papá que está en paro desde hace ocho años. Ni por mi mamá, que no deja de beber whisky ni cuando duerme. Ni por mis dos hermanos encarcelados. Solo te pido una cosa: llévatelo. Doris, Pensilvania, 4 años”.

—Angelito.

—Mira otro ejemplo: “Tengo noventa y nueve años. He combatido en la Guerra Mundial, en Corea, en Vietnam y en Afganistán. Y creía haber visto de todo en mi vida. Pero lo que jamás imaginé fue a este sujeto en la cima del mundo. ¿Por qué?”

—Vaya. No parece estar el horno para bollos.

—Ciertamente. Pero eso es lo de menos.

—Lo… de… menos…

—El fondo del problema es lo de más.

—No sé qué quieres decir.

—Que hemos permitido llegar al puesto de mayor responsabilidad del Mundo a un tarado.

—Hombre, Pa. Quizá te has excedido. En primer lugar nosotros no lo hemos llevado allí.

—Cierto. Lo han votado los norteamericanos. Pero hay que tener en cuenta que los USA es al siglo XXI lo que España al XVI o Roma a tu tiempo. Por tanto tenemos responsabilidad en las decisiones que atañen al Imperio.

—Pero ahora existe una novedad: Una cosa llamada Democracia.

—La conozco. Y no es que me pirre, pero la respeto. Aunque hayamos cometido un nuevo error.

—Vaya. Hoy parece el día de las confesiones.

—Sí. Porque no es lo mismo el voto de un tipo de Miami que se lee cuatro periódicos al día y esta al corriente de los acontecimientos de su país que el de un agricultor de Minnesota que no tiene radio y vive aislado en la nieve. No es que no sea importante, no, pero su peso en las decisiones comunes no puede ser el mismo.

—Uf, Pa… te estoy notando un poquito tendenciosillo…

—Además, no es difícil inclinar los resultados electorales. Con que hubiéramos mostrado a los electores la imagen de Trump recién levantado por las mañanas, con el pelo revuelto y sin tintar, sentado vociferando ante la televisión, hubiera sido suficiente para descalificarlo.

—Quizá…

—Pero no lo hicimos. Y permitimos que llegara a gobernar semejante enfermo.

—Te ha dado fuerte con lo de la enfermedad.

—Es que yo no me había dado cuenta. Pero acabo de recibir un sky-mail muy clarificador. ¿Quieres conocerlo?

—Ardo en deseos, como la zarza.

—“Apreciado Pa: Soy el doctor Majárez, presidente de la Asociación de Psiquiatras en pro de la reclusión indefinida de los políticos de azoteas mal amuebladas y bolsillos sueltos. Le escribo para recurrir a su Eminentísima —disculpe si el tratamiento no es el adecuado, no tengo costumbre de tratar con divinidades— ya que he agotado los cauces en la Tierra. La cuestión es el primer mandatario del planeta Tierra. Resumiré su salud mental en dos palabras: De atar. Y usted se preguntará: ¿Tan grave es la cosa? Y yo le responderé: Más. Entonces surgirá una nueva pregunta en su divino cerebro: ¿Cuál es la enfermedad? Me alegro que me haga esa pregunta, San Pa. Veamos. Se trata de un trastorno llamado Desorden de Personalidad Narcisista. Interesante, estará usted pensando. ¿Pero qué será eso? Le estaba esperando. Ahí va: Las personas que padecen esta cosa se caracterizan por su persistente megalomanía, la excesiva necesidad de ser admirados y su falta de empatía. También evidencian una gran arrogancia, sentimientos de superioridad y conductas orientadas a la obtención del poder. Sufren de egos muy frágiles, no toleran las críticas y tienden a despreciar a los demás para así reafirmarse. Tienen además constante necesidad de admiración por parte de los demás, la convicción de tener el derecho de ser tratados de manera especial y con obediencia por los demás y la propensión a comportarse de manera pomposa y arrogante.

En este momento, está usted intentando encajar cada uno de estos síntomas a los comportamientos de nuestro héroe: Sí… sí… este también… sí… me parece que sí… desde luego…

Creo que a estas alturas ya está usted convencido del diagnóstico, ¿verdad? Bien. Es el primer paso del tratamiento del sujeto, porque ahora viene lo peor: Estos sujetos experimentan fantasías de poder y éxito que intentan poner en práctica. Y, lo que es peor, eso va empeorando con el tiempo: Le pondré un ejemplo: Nuestro héroe no ha hecho más que llamar la atención desde que ha llegado a su puesto actual: Eso le crea una especie de adicción por la que ya no puede comportarse como un tipo normal. En otras palabras, tiene que seguir dando la nota, cada vez con más entusiasmo. De modo que si no hace usted algo —aquí abajo nadie parece poder hacer nada ya— dentro de poco podemos ver un reality show con el tipo que lleva el botón nuclear o un concurso de miss Universo en el despacho oval. De manera que, ya que la han jod… fastidiado ustedes, por favor, intenten arreglar este descalzaperros. No sé… ¡¡¡¡¡llévenselo para allá arriba ya mismo!!!!! Atentamente, Dr. Majárez.

—¿Qué hacemos Pa?

—No sé, JC. Te confieso que no sé qué hacer. Con ese libre albedrío que les concedimos a los humanos estamos perdidos.

—¿Quizá una plaga de langostas carnívoras atraídas por las cortinas doradas?